“UNA SONRISA”. Por Paula González Gómez de Segura, Psicóloga

​En el pasillo de la Unidad de Paliativos del Hospital San Juan de Dios donde trabajo como psicóloga, una frase muy importante decora la pared, “con solo una sonrisa puedes cambiar el día a una persona”. Aunque a veces ni la vea con las prisas, siempre he pensado en la importancia de los pequeños detalles, de las cosas sencillas. Esa frase representa ese concepto y es en los peores momentos cuando más necesitamos ir despacio y reflexionar sobre ella.

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TELETRABAJANDO EN TIEMPOS DE COVID

Quizá sea el momento de dejar a un lado esa palabra precisa y adecuada para intentar decir las que necesitamos, las que laten. Esas que salen de dentro. Esas que dejas fluir. Nace en ese instante la más sincera y bonita reflexión. Son las palabras que llegan de verdad, esas que te producen un escalofrío tierno y eriza tu piel. Vosotros y vosotras estáis escribiendo estas palabras en los últimos días. Las palabras que llegan.  

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Alianza frente a la pobreza farmacéutica en tiempos de COVID

Hospital San Juan de Dios y Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza refuerzan su alianza frente a la pobreza farmacéutica en tiempos de COVID. El objetivo es evitar desplazamientos al centro hospitalario utilizando procedimientos digitales a través de una comunicación segura y directa entre el Hospital y las oficinas de Farmacia.

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Recibe el alta la última paciente ingresada en el Hospital San Juan de Dios de Zaragoza afectada por coronavirus

La última paciente ingresada en el Hospital San Juan de Dios de Zaragoza afectada por covid-19 ha recibido el alta médica este viernes, 15 de mayo, una vez que los resultados han arrojado negativo en las pruebas realizadas.

De esta manera, el centro es un hospital libre de covid en estos momentos por lo que el equipo directivo, desde la “prudencia” que exige esta situación, da la enhorabuena a todos y cada uno de los profesionales que trabajan en él.

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“CANCIÓN NOCTURNA”. Por Amparo Secorun

Cuando el mundo oscurece y solo la luna da su luz, en el hospital todo se queda en silencio, y,  a las diez de la noche, las puertas se cierran,  todo se detiene, solo 28 almas nocturnas baten sus alas por los pasillos, acomodando, y cuidando los sueños de esperanza de los pacientes que pronto se quedaran a oscuras con su disnea, su dolor, sus pensamientos, su ansiedad, su miedo, su insomnio que no se va ni contando ovejas, caballos o elefantes.

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“ANÓNIMOS”. Por Raquel Sisas

Abuela, cuéntame la historia de aquel chico que te ayudó cuando el bisabuelo estaba enfermo”, preguntó el chiquillo de mirada inquieta. Se acomodó en el regazo de su abuela para escuchar una vez más la historia de aquel héroe anónimo.

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“Hacer”. Por el Dr. Emilio González

Amanece con una ligera llovizna sobre la ciudad. Silencio. Un cielo gris plomizo se refleja en las ventanas de las casas como espejos de tristeza. Poco a poco la habitación se va iluminando destacando formas sobre las sombras que amenazadoras se ciernen sobre mí, mezcladas con los recuerdos de la mirada angustiosa de los últimos pacientes que había visto unas pocas horas atrás.

Instintivamente me toco la frente, no está caliente, respiro aliviado pero me aseguro, 36,4º. Puedo volver a trabajar, mañana quizá no.

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